Jorge Diaz Kropman – Calma & Dirección

Contacto y conexión

Hay una historia que vale la pena compartir. A primera vista, podría parecer que no tiene nada que ver con el subconsciente. Sin embargo, la verdad es que la definición de éxito que la mayoría de nosotros tenemos programada en el subconsciente es precisamente lo que nos impide concentrarnos en lo que verdaderamente importa. Como resultado, muchas personas no se permiten conectarse de manera genuina con quienes tienen cerca. Sin más preámbulos, aquí está la historia.

La Entrevista que se Convirtió en Espejo

Un periodista en Nueva York estaba entrevistando a un monje. La entrevista comenzó según lo planeado:

— Señor, en su última conferencia nos habló sobre el tema “Contacto y Conexión”. No quedó muy claro. ¿Podría explicarlo?

El monje sonrió y, aparentemente desviándose de la pregunta, respondió con otra pregunta:

— ¿Es usted de Nueva York?

— Sí…

— ¿Quién está en su casa ahora?

El periodista sintió que el monje intentaba evadir la pregunta, ya que se trataba de algo muy personal e inesperado. Sin embargo, respondió:

— Mi madre falleció. Mi padre está allí, tengo tres hermanos y una hermana. Todos están casados.

El monje, con una sonrisa serena, continuó:

— ¿Habla con su padre?

El periodista se notó visiblemente incómodo.

— ¿Cuándo fue la última vez que habló con él?

El periodista, conteniendo su malestar, respondió:

— Hace aproximadamente un mes.

— ¿Y ustedes, como hermanos, cuándo se reunieron por última vez todos juntos?

En ese momento, el sudor comenzó a aparecer en la frente del periodista. Parecía que el monje había invertido los roles y era él quien estaba siendo entrevistado. Con un suspiro, respondió:

— Nos reunimos por última vez en Navidad, hace dos años.

— ¿Cuántos días estuvieron todos juntos?

El periodista, limpiándose la frente, respondió:

— Tres días…

— ¿Y cuánto tiempo pasó con su padre, sentado a su lado?

El periodista se quedó desconcertado y comenzó a garabatear algo en su libreta, sin saber qué responder.

— ¿Desayunaron, almorzaron o cenaron juntos? ¿Le preguntó cómo estaba? ¿Le preguntó cómo pasa sus días desde que perdió a su esposa?

Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos del periodista. El monje tomó su mano con gentileza y dijo:

— No se avergüence, no se altere ni se entristezca. Lamento haberle causado dolor sin haberlo pretendido. Pero esto es, en esencia, la respuesta a su pregunta sobre “Contacto y Conexión”. Usted tiene “Contacto” con su padre, pero no tiene “Conexión” con él. No está verdaderamente “Conectado” con él.

La “Conexión” es de corazón a corazón. Es sentarse juntos, compartir una comida, cuidarse mutuamente, tocarse, darse la mano, mirarse a los ojos, pasar tiempo real el uno con el otro. Con sus hermanos y su hermana también tiene “Contacto”, pero no “Conexión”.

El periodista se limpió los ojos y dijo:

— Gracias por enseñarme una lección tan valiosa e inolvidable.

La Realidad de Nuestros Tiempos

Esta historia refleja con precisión la realidad de nuestros tiempos. Ya sea en el hogar o en la sociedad, todos tenemos muchos “contactos” pero pocas “conexiones” genuinas. Estamos ocupados en nuestro propio mundo, corriendo de una obligación a otra, respondiendo mensajes, asistiendo a reuniones, cumpliendo con agendas interminables. Y en medio de esa vorágine, las personas que más importan quedan desplazadas a un segundo plano, convertidas en contactos en una lista, en nombres que aparecen ocasionalmente en la pantalla del teléfono.

La tecnología nos ha dado la posibilidad de estar en contacto permanente con cientos, incluso miles de personas al mismo tiempo. Pero esa misma tecnología, paradójicamente, ha profundizado la brecha entre el contacto superficial y la conexión verdadera. Se pueden tener miles de seguidores en redes sociales y al mismo tiempo sentirse profundamente solo. Se puede hablar con alguien todos los días y no conocer realmente cómo está, qué siente, qué le preocupa o qué le alegra la vida.

El Subconsciente y la Trampa del Éxito

¿Por qué ocurre esto? Una parte importante de la respuesta está en el subconsciente. La definición de éxito que muchas personas tienen programada desde la infancia está asociada a la productividad, a los logros materiales, al reconocimiento externo y al avance profesional. Esa programación lleva a priorizar de manera casi automática todo aquello que produce resultados visibles y medibles, en detrimento de lo que realmente nutre la vida: las relaciones, el tiempo compartido, la presencia genuina con las personas que se aman.

No es una decisión consciente. Nadie elige deliberadamente descuidar a su padre, ver a su familia solo una vez cada dos años o dejar que las conversaciones importantes queden siempre para después. Es el resultado de un sistema de creencias instalado en el subconsciente que define el valor de una persona según lo que produce, no según cómo vive ni cómo ama.

De los Contactos a las Conexiones Verdaderas

El primer paso para cambiar esta dinámica es tomar conciencia de ella. Reconocer que se tienen muchos contactos pero pocas conexiones reales. Preguntarse honestamente: ¿cuándo fue la última vez que se sentó a compartir una comida con su padre sin el teléfono sobre la mesa? ¿Cuándo fue la última vez que le preguntó a un ser querido cómo estaba realmente, con tiempo y disposición para escuchar la respuesta? ¿Cuándo fue la última vez que estuvo presente de verdad, no solo físicamente sino emocionalmente, con alguien que importa?

Si estas preguntas generan incomodidad, esa incomodidad es una señal valiosa. Es la misma señal que el monje le ofreció al periodista, no para hacerle daño, sino para invitarlo a despertar.

Una Recomendación y una Invitación

Para quienes deseen profundizar en este tema, existe una charla TED de Robert Waldinger titulada What Makes a Good Life que vale la pena ver. Las conclusiones de décadas de investigación sobre la felicidad humana son contundentes: no son los logros materiales ni el éxito profesional lo que determina una vida plena. Son la calidad de las relaciones y la profundidad de las conexiones.

Si usted está leyendo esto, tiene tiempo. Tiempo para llamar a esa persona que hace meses no escucha. Tiempo para organizar un encuentro familiar que se viene postergando. Tiempo para sentarse junto a alguien importante y preguntarle genuinamente cómo está.

Y si siente que algo interno le impide priorizar lo que realmente importa, que la programación del subconsciente lo arrastra sistemáticamente hacia otro tipo de prioridades, Life Unblocking puede ayudarle a reprogramar esas creencias y construir una vida más alineada con lo que verdaderamente valora.

No espere más. Hoy es el día.

Le deseamos un día lleno de amor y luz.

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