Ahogarse o flotar
- Posted by JD Kropman, PhD
- Categories General /General
- Date October 19, 2021
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Nadar o flotar: cómo recuperar la calma y tomar el control de su vida
Quizás usted está atravesando un período muy difícil en este momento. Tal vez siente que esto nunca va a terminar, que le han repartido las peores cartas de la baraja y que, apenas supera una experiencia dolorosa, aparece otra para ocupar su lugar. Una tras otra, sin pausa, sin respiro. Y lo último que desea escuchar en un momento así es que usted tiene algo que ver con todo esto. ¿Cómo podría ser así, si todo esto le está pasando a usted sin que lo haya buscado?
Tenemos una buena noticia: no es su culpa. Pero sí está completamente en sus manos la manera en que responde. Quizás ha escuchado antes la frase “lo que le sucede está más allá de su control; cómo reacciona ante ello es cien por ciento su responsabilidad.” Eso es exactamente lo que queremos explorar en este artículo. No se trata de culpa. Se trata de poder. Porque si sus reacciones y decisiones le pertenecen completamente, entonces usted tiene mucho más control sobre su vida de lo que probablemente cree. Y eso, lejos de ser una carga, es una de las mayores fuentes de libertad que existen.
El ciclo que parece no tener fin
Cuando la adversidad se encadena, cuando un problema no termina antes de que el siguiente comience, es fácil caer en la sensación de que la vida está conspirando en contra. La mente busca explicaciones y, al no encontrar ninguna satisfactoria, concluye que simplemente “hay mala suerte” o que las cosas siempre salen mal. Esta narrativa, aunque comprensible, tiene un costo enorme: nos convierte en espectadores pasivos de nuestra propia vida.
La buena noticia es que incluso dedicar unos pocos minutos al día a cultivar la calma interior puede cambiar de manera significativa la manera en que se enfrenta el siguiente desafío. No se trata de resolver todos los problemas de golpe, sino de ir construyendo una base más sólida desde la cual responder a lo que la vida presenta. Con el tiempo, esa base se vuelve más firme, la reactividad disminuye y el ciclo que parecía no tener fin comienza a romperse.
La imagen del agua: flotar o luchar
Para visualizar las opciones disponibles, imagine un cuerpo de agua. Puede ser una piscina, un lago o el océano. En ese agua hay una persona. La persona está agitándose, salpicando, luchando con todas sus fuerzas para no hundirse. El esfuerzo es enorme. La desesperación es palpable. La persona no se rinde, jamás deja de intentarlo, pero a pesar de todo el esfuerzo, parece estar perdiendo la batalla. No por falta de voluntad ni de determinación, sino porque la estrategia que está usando, luchar contra el agua, es precisamente lo que la hace hundirse más.
Ahora imagine el mismo cuerpo de agua, exactamente el mismo. Y en él, otra persona. Esta persona está boca arriba, completamente quieta, flotando con serenidad, disfrutando del sol y del cielo. No se rindió. No puso los brazos abajo. Simplemente encontró la manera de relacionarse con el agua de una forma diferente, y esa diferencia lo cambió todo.
¿Puede sentir la diferencia entre las dos experiencias? ¿Puede imaginar lo que siente cada una de esas personas? Una está aterrorizada, agotada, consumiendo cada gramo de energía disponible solo para mantenerse a flote. La otra está descansando, observando las nubes, quizás escuchando el canto de algún pájaro. El agua es exactamente la misma. Lo que cambió fue la actitud con la que cada persona decidió relacionarse con ella.
Luchar y no rendirse no son lo mismo
Es fundamental entender que esta metáfora no propone rendirse. Nadie sugiere bajar los brazos ante la vida ni aceptar pasivamente todo lo que ocurre. La distinción que se propone es más sutil y más poderosa: a veces, dejar de pelear una batalla particular no es rendición, sino la decisión inteligente de conservar la energía para aprender algo más útil.
En el ejemplo del agua, la diferencia entre ambas personas no era la voluntad ni la fuerza. Era el conocimiento. Una sabía flotar; la otra no. Y esa diferencia de conocimiento determinó experiencias radicalmente distintas ante la misma circunstancia. La pregunta entonces no es si se debe luchar o rendirse, sino: ¿qué necesita aprender para poder flotar la próxima vez que el agua aparezca en su vida?
La percepción como creadora de dragones imaginarios
Con mucha más frecuencia de lo que se reconoce, las batallas más agotadoras no son contra amenazas reales sino contra amenazas percibidas. La mente humana tiene una capacidad extraordinaria para generar escenarios de peligro que, aunque se sienten completamente reales, existen principalmente en el interior. Los “dragones” que parecen acechar en cada esquina son, en muchos casos, proyecciones del miedo, del trauma no resuelto o de creencias limitantes instaladas en el subconsciente.
Esto no significa que los problemas reales no existan. El agua es real, como se dice en la metáfora. Pero hay una diferencia enorme entre los perros que imaginamos que van a devorarnos y los perros reales con dientes afilados. Cuando se aprende a distinguir entre unos y otros, se libera una cantidad enorme de energía que hasta ese momento se estaba gastando en combatir fantasmas. Y esa energía recuperada puede destinarse, finalmente, a aprender a flotar.
Las personas cercanas de confianza, los mentores, los coaches o los terapeutas pueden ser aliados invaluables en este proceso de recuperar la perspectiva. A veces, simplemente ver la situación a través de otros ojos es suficiente para darse cuenta de que lo que parecía un abismo es, en realidad, un escalón.
El subconsciente: la raíz de las reacciones automáticas
Gran parte de las reacciones que generan sufrimiento innecesario no son elecciones conscientes. Son respuestas automáticas programadas en el subconsciente a lo largo de años de experiencias, creencias heredadas y patrones que se repiten sin que la persona lo advierta. Comprender cómo funciona el subconsciente y de qué manera influye sobre las percepciones y las reacciones es uno de los pasos más transformadores que se pueden dar.
Cuando se trabaja sobre esos patrones subconscientes, cuando se reprograman las creencias que generan la sensación de ahogo constante, la experiencia de la vida cambia de manera profunda. Las mismas circunstancias que antes desencadenaban pánico comienzan a recibirse con mayor calma. El agua sigue estando ahí, pero la persona ya sabe flotar.
El primer paso siempre está disponible
No es necesario inscribirse en seminarios costosos ni esperar el momento perfecto para comenzar. Hay pasos concretos que pueden darse hoy, en este momento, sin ningún costo económico. Leer, informarse, reflexionar, practicar unos minutos de respiración consciente, unirse a comunidades de crecimiento personal, buscar un coach o simplemente permitirse la honestidad de reconocer que hay algo que se desea cambiar. Cada uno de esos pasos, por pequeño que parezca, es un movimiento en la dirección correcta.
Conclusión
La adversidad es una realidad de la vida. El agua estará ahí, una y otra vez, en distintas formas y con distintas intensidades. La pregunta no es si volverá, sino en qué condiciones se encontrará usted cuando lo haga. ¿Luchando desesperadamente contra ella, agotándose en una batalla que el cuerpo no puede sostener? ¿O flotando con calma, conservando la energía, disfrutando del cielo y sabiendo que tiene los recursos internos para atravesar lo que venga?
La decisión, siempre y en todo momento, le pertenece a usted. Que este día esté lleno de amor y de luz.
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