El pez inteligente
- Posted by JD Kropman, PhD
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- Date October 12, 2021
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Usted no es un pez que debe trepar árboles: cómo las palabras moldean su identidad y cómo recuperar su valor
¿Alguna vez ha sentido que no es suficiente? ¿Que hay situaciones que simplemente no puede superar, o que otras personas poseen habilidades e inteligencia que a usted le faltan? Si es así, sepa que está en muy buena compañía. Esta sensación es mucho más común de lo que se imagina, y sus raíces son más profundas y más antiguas de lo que la mayoría de las personas sospecha. En este artículo exploraremos por qué ocurre esto y, más importante aún, qué puede hacerse al respecto para revertirlo.
El genio que todos llevamos dentro
Probablemente usted ha escuchado hablar de Albert Einstein por su famosa teoría de la relatividad. Pero no hace falta ser experto en física ni en matemáticas para comprender una de sus frases más poderosas y reveladoras:
“Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida creyendo que es un estúpido.”
Esta cita, aparentemente simple, contiene una verdad que transforma la manera en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Porque de una manera u otra, todos hemos sido juzgados a lo largo de la vida. Y esos juicios, expresados a veces con la mejor de las intenciones, dejan marcas que determinan aspectos fundamentales de la existencia de cada persona.
Imagine lo absurdo que resulta pedirle a un pez que trepe un árbol. Es tan obvio que parece casi gracioso. Un pez nada; eso es lo que hace y lo que sabe hacer extraordinariamente bien. Si además lo sacamos del agua por demasiado tiempo, muere. La evidencia no podría ser más clara. Sin embargo, esta misma situación absurda es más común de lo que parece en la vida real. Existen muchas personas que pasan años, o incluso décadas enteras, intentando alcanzar el sueño de alguien más porque eso es lo que les dijeron que debían lograr. Y algunos, tristemente, agotan su vida entera en ese intento.
El poder invisible de las palabras
Las personas que nos rodean no actúan desde la maldad. Siguen sus propios caminos y dicen lo que creen que es correcto o lo que genuinamente sienten. El problema es que la gran mayoría no tiene conciencia del peso energético y emocional que llevan las palabras. Comentarios aparentemente inocentes pueden ser malinterpretados con una facilidad asombrosa, y sin que nadie lo advierta, están cargados de juicio y, por lo tanto, de amor condicional.
Para comprender mejor este mecanismo, consideremos un ejemplo sencillo. Imagine que a alguien le gusta un champú determinado porque hace que su cabello se vea como desea. Esa persona podría decir: “Me gusta este champú porque hace que mi cabello quede así.” No hay nada problemático en esa afirmación. La persona está expresando cómo algo la hace sentir, y eso es exactamente lo que corresponde.
El problema aparece cuando, en lugar de eso, se dice: “Este champú es excelente.” Parece un comentario inofensivo, pero está cargado de implicaciones que funcionan de manera subconsciente. Cuando alguien dice “esto es…” o “tú eres…”, no está describiendo una realidad objetiva; está expresando su percepción. Y al afirmar que ese champú es excelente, implícitamente todos los demás quedan catalogados como inferiores. El mensaje subliminal que se transmite es: “Para merecer mi aprobación y mi afecto, debes usar el único champú que vale la pena.” ¿Puede ver cómo un comentario tan pequeño sobre algo tan trivial puede convertirse, sin que nadie lo pretenda, en una fuente de herida emocional?
Juicio disfrazado de opinión
Este tipo de comentarios aparece en todos los ámbitos de la vida, con una frecuencia mucho mayor de lo que se reconoce, y casi siempre sin ninguna mala intención. La persona simplemente no sabe que está generando ese efecto. Todos tenemos el derecho de expresar lo que sentimos. Pero la clave está precisamente en eso: en expresar sentimientos, no juicios. Decir cómo algo o alguien nos hace sentir es muy diferente a afirmar que algo o alguien “es” de determinada manera.
Esta distinción, aunque puede parecer sutil, cambia todo. Porque las afirmaciones sobre lo que las cosas “son” presentan una sola perspectiva como si fuera la única realidad posible, cerrando el espacio para la diversidad, la diferencia y la validez de otras experiencias. Y cuando eso se repite lo suficiente, especialmente durante la infancia o en relaciones de autoridad, esas afirmaciones se instalan en la mente como verdades absolutas.
Cómo protegerse de los juicios ajenos
Ahora que comprende este mecanismo, puede abordarlo desde dos perspectivas. La primera es la de quien habla. Desde este lugar, el compromiso es claro: no afirmar que algo “es” o “no es”, sino expresar únicamente cómo las personas, las situaciones o las cosas le hacen sentir. Este pequeño cambio en el lenguaje tiene un impacto enorme en la calidad de las relaciones y en el tipo de mensajes que se transmiten.
La segunda perspectiva es la de quien escucha. Y aquí está la buena noticia: ahora usted sabe algo que la mayoría de las personas no sabe. Cuando alguien le diga que usted “es” de determinada manera, o que algo “es” bueno o malo, usted puede reconocer que eso no es una verdad objetiva sino la percepción de esa persona. Puede elegir tomarlo como información, descartarlo, o simplemente recordarse a sí mismo que esa afirmación no define su realidad ni su valor. Nadie puede decirle que es un pez incapaz de trepar árboles sin que usted mismo le otorgue ese poder.
Las marcas del pasado y el subconsciente
El aspecto más profundo y más impactante de todo esto es lo que ocurrió en el pasado. A lo largo de los años, usted probablemente recibió numerosos comentarios del estilo “tú eres…” o “eso es…” que, aunque tal vez bienintencionados, dejaron marcas. Marcas que le hicieron sentir, en algún nivel, como ese pez juzgado por su incapacidad de trepar. Marcas que quizás todavía operan de manera silenciosa en su vida, limitando sus posibilidades, frenando sus decisiones y afectando la imagen que tiene de sí mismo.
La buena noticia es que todas esas marcas están almacenadas en el subconsciente. Y el subconsciente puede reprogramarse. No con fuerza de voluntad ni con esfuerzo consciente, sino con métodos específicos diseñados para acceder a esas capas profundas de la mente y transformar los registros que generan limitación. Este proceso es más accesible, más rápido y más eficaz de lo que muchas personas imaginan.
Reprogramar el subconsciente: el camino hacia la libertad
Métodos como Life Unblocking trabajan específicamente en este nivel, permitiendo identificar y revertir las huellas que dejaron esos comentarios cargados de juicio. Al reprogramar el subconsciente, es posible liberar esas creencias limitantes que se instalaron como si fueran verdades, y recuperar el acceso a la propia inteligencia, creatividad y potencial genuino.
Usted no necesita seguir viviendo como un pez convencido de que su valor se mide por su incapacidad de trepar árboles. Ese juicio nunca fue sobre usted; fue sobre la limitación de quien lo pronunció. Y hoy, con las herramientas adecuadas, es posible soltar esa carga y comenzar a nadar con toda la libertad y la maestría que siempre estuvo disponible.
Conclusión
Las palabras moldean la percepción que tenemos de nosotros mismos de maneras que muchas veces no advertimos. Los juicios disfrazados de opiniones neutras dejan marcas que operan en el subconsciente durante años, limitando la vida desde adentro. Pero comprender este mecanismo ya es el primer paso hacia la libertad. Usted no es lo que otros dijeron que era. Es un ser completo, con talentos únicos y un potencial que no necesita la aprobación de nadie para ser real. Que este día esté lleno de amor y de luz.
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