Jorge Diaz Kropman – Calma & Dirección

Palabras poderosas

Es posible que aún tomemos la “palabra” a la ligera. Quizás todavía no comprendamos la diferencia entre decir “paso a paso” o “poco a poco”. A continuación, compartiremos una historia para que pueda apreciar los efectos reales que tienen las palabras en nuestra vida. Tal vez ya haya visto esta historia en las redes sociales, o quizás sea la primera vez que la escucha. De cualquier manera, es poderosa e ilustrativa, y vale la pena compartirla. La palabra lo es todo.

El Poder de la Palabra en la Religión y la Ciencia

Para quienes pertenecen a alguna religión, probablemente hayan leído o escuchado muchas veces la expresión “Dios dijo…”. Dios dijo que se hiciera la luz. Dios dijo que se hiciera el cielo. Dios no pensó, no imaginó, no intentó. No lo fabricó con sus manos. Lo dijo. Independientemente de si usted cree o no en Dios o en alguna religión, resulta significativo que todas las religiones del mundo coincidan en algo tan fundamental como la creación del universo a través de la palabra. Cuando hay un consenso tan amplio y universal, quizás haya algo profundo detrás de ello que merece nuestra atención.

Para quienes se inclinan más hacia la ciencia que hacia la religión, también existe una explicación concreta del poder de la palabra. Como lo demuestran diversas investigaciones, entre ellas el estudio de la Dra. Holly Pollard-Wright titulado Mind as Energy, somos energía en su esencia más fundamental. Cada célula de nuestro cuerpo es energía que vibra y emite calor de manera constante. Las palabras, a su vez, son vibraciones; son frecuencias que se liberan en el aire y hacen que cada célula de nuestro cuerpo resuene y vibre a una frecuencia determinada. Dado que somos un alto porcentaje de agua, el experimento del investigador Masaru Emoto resulta especialmente revelador: sus estudios muestran cómo los cristales de agua se ven profundamente afectados por palabras amables y música clásica, en contraste con palabras agresivas y música de alto impacto. La diferencia en la estructura de los cristales es notable y visualmente impactante.

Sea cual sea su inclinación, religiosa, científica o ambas, la historia que vamos a compartir tiene algo valioso que ofrecerle.

La Historia de los Clavos y la Puerta

La historia transcurre en una casa cuya entrada se encontraba al final de un largo pasillo. Al fondo de ese pasillo había una gran puerta de madera maciza que era imposible ignorar: se veía cada vez que alguien entraba o salía de la casa. En esa casa vivía un padre profundamente preocupado por su hijo, un niño que tenía serios problemas para manejar su ira. El pequeño se agitaba con mucha facilidad y, ante cualquier situación que lo alterara, comenzaba a gritar palabras hirientes y ofensivas. El padre había intentado de todo para ayudarlo: castigos, tiempos fuera, restricciones. Nada parecía funcionar de manera sostenida.

Un día, el padre tuvo una idea. Llamó a su hijo y le propuso un acuerdo. Mientras continuaban trabajando juntos en los problemas de ira con la ayuda de un profesional, el niño debería tomar un clavo y un martillo cada vez que dijera una mala palabra o un comentario hiriente, y clavarlo en el interior de la puerta de madera al final del pasillo. Así, cada vez que algo dañino saliera de su boca, el niño debía caminar hasta la puerta y dejar una marca física de sus palabras.

Con el paso del tiempo, la puerta se fue llenando de clavos. Cada entrada y cada salida de la casa eran un recordatorio visual de las palabras pronunciadas. Sin embargo, el trabajo con el profesional comenzó a dar resultados. El niño empezó a contenerse, a respirar antes de reaccionar, a guardar silencio donde antes gritaba. Y cada vez que lograba superar un momento de ira sin decir palabras dañinas, su padre le indicaba que fuera a la puerta y retirara uno de los clavos que había clavado.

Las Marcas que Permanecen

Poco a poco, la puerta fue recuperando su apariencia. Los clavos desaparecieron uno a uno, a medida que el niño avanzaba en su proceso. Finalmente, llegó el día en que no quedó ningún clavo en la puerta. Sin embargo, algo seguía siendo visible: los agujeros. La madera estaba llena de pequeñas perforaciones, marcas permanentes de cada palabra pronunciada en un momento de rabia. La puerta había recuperado los clavos, pero no podía recuperar su estado original.

Así de poderosas son las palabras. Una vez que son pronunciadas en voz alta, generan ondas que se expanden a nuestro alrededor y afectan todo lo que tocan. Del mismo modo en que el niño mejoró y retiró todos los clavos, los agujeros permanecieron visibles. Las palabras no pueden ser desdichas.

Es fácil decir que una puerta de madera con agujeros en el interior no es el fin del mundo, que nadie los ve, que no importan demasiado. Y en cierta medida, eso es verdad. Pero esos agujeros son exactamente las mismas marcas que todos llevamos en nuestro interior. Nadie puede verlas desde afuera. Pero están ahí, y tienen un impacto real y profundo en nuestra vida cotidiana.

Las Palabras de la Infancia y sus Efectos Duraderos

Las palabras que usted escuchó durante su infancia fueron clavos clavados en su interior. Con el tiempo, muchos de esos clavos fueron retirados, ya sea a través del crecimiento personal, de relaciones sanadoras o simplemente del paso del tiempo. Pero dejaron huellas persistentes. Algunos tuvieron la suerte de escuchar palabras de aliento, de motivación, de amor incondicional, palabras que los impulsaron a creer en sí mismos y a construir una vida plena. Esas palabras también dejaron marcas, pero marcas que abren puertas en lugar de cerrarlas.

Otros, en cambio, escucharon palabras cargadas de frustración, de miedo, de historias no resueltas de quienes los rodeaban. Personas que dijeron lo que creían que era lo mejor, pero que sin saberlo fueron sembrando bloqueos profundos. Y hoy, quizás sin entender muy bien por qué, usted siente que algo le impide avanzar hacia donde quiere llegar. Esos agujeros internos generan bloqueos que obstaculizan el camino hacia sus sueños y metas.

La Decisión de Sanar

La buena noticia es que esos bloqueos pueden trabajarse. Es posible reprogramar el subconsciente, esa parte profunda de nuestra mente que guarda todas las creencias formadas a lo largo de la vida, muchas de ellas sin que usted lo haya elegido conscientemente. Eso es precisamente lo que propone Life Unblocking: un método de reprogramación del subconsciente que actúa como el relleno que cubre los agujeros, restaurando desde adentro lo que las palabras dañaron, y permitiéndole avanzar con libertad hacia sus objetivos.

Las palabras son poderosas. Pero independientemente de cuáles haya escuchado durante su vida, la decisión de sanar es completamente suya. Dejar la puerta llena de agujeros que bloquean sus sueños es una opción. Pero cubrirlos y avanzar también lo es. Tome la decisión hoy.

¡Le deseamos un día lleno de amor y luz!

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